Libro de historietas e ilustraciones encuadernado en cartoné de 120 páginas interiores en color y blanco y negro más cubiertas.
Equador fue un laboratorio en el que Ricard lo ensayó prácticamente todo. Nos presenta un globo que parece o quiere avanzar hacia nosotros, lo muestra inmenso o pleno, hace un guiño y queda como ilustración de cubierta para este libro. Ahí Ricard nos regala el inicio y el final de lo que será su obra, porque alrededor ya están las brumas de Aguirre, y un aviso de Poco –desvanecido-, y los contrastes de Dos estados y una unión y el abordaje de Araia. También, dentro del globo, apunta lo que será su último libro, Huracán, viajando ya con sus azules, de tormenta, y con su oscuridad dentro; de naufragio sin pecios.El siguiente regalo de Ricard, a modo de aviso y de datación, es su propio diario, Insurrecció del Temps (1973-2002), escrito en catalán, en un albarán de pedidos de la fábrica de tejidos de algodón, Agustín Camprodon Gobern, un farmacéutico que hacia 1955 patenta un procedimiento para el apresto y acabado de aquellos tejidos. 1955 es el año en el que nace Ricard, y el diario lo inicia en 1973, el día treinta de enero: « … Jonathan Harker, inspirado en Drácula’s Guest, de Bram Stoker. 7 págs. 2.100 cobradas».Escribió esa primera frase a los dieciocho años, y mantuvo la constancia de apuntar y describir ese otro boceto que es hoy un acta que informa y avisa. Quizá, para algunos, lo más destacable sean los nombres, la distancia entre los meses, el abismo de los años, pero más aún sorprende la cantidad de trabajos inéditos, aunque completos y cerrados que abordó Castells. Quiso con esto decir, acaso, que cada autor es y será siempre dueño de su obra, desde el principio hasta cualquier final; que cada autor debe finalizar aquello que decida comenzar, pues cada trabajo pasa a ser una molécula de su propia estructura y de su evolución; que todo es un tránsito que debe suceder al margen de líneas editoriales, ediciones, éxitos, fracasos. Y que sólo completando lo iniciado se impide el convertirse en un pecio, desierto.
Cada autor de los escritos de este homenaje va acompañado, y de la mano, de un fragmento de este diario y especial legado de Ricard Castells; estructura aquellos días, deja la primera y última palabra, despeja nieblas, camina cuestas y pendientes pronunciadas… Y nos sobrevuela.