Un pueblo sin futuro. Navajas, coca, punk, ternura, coches trucados, vidas rotas. Muchos secretos, ninguna escapatoria.
Verano de 2002. Miguel tiene veintiún años, la esperanza de encontrar a alguien con quien charlar de poesía y el objetivo de largarse de Villa de la Fuente en cuanto consiga ahorrar cuatro duros. Por eso cuando su colega Rober le ofrece un currillo en la obra ni se lo piensa: cargará ladrillos, cemento y placas de yeso, sacará escombro y cerrará la boca por novecientos euros en nómina y las horas extra en mano. Mientras, quemará discotecas con sus colegas Rober y Lupe, se enamorará todas las semanas y saltará de piscina en piscina para quemar cada minuto de un verano que parece eterno.