Libro encuadernado en rústica de 392 páginas interiores en blanco y negro que contiene una crónica autobiográfica de la vida de un politoxicómano de nuestros tiempos, recomendada únicamente a lectores adultos y sin prejuicios. Volumen único.
Memorias de heroína y desamor es una apasionante historia autobiográfica y narrado desde un punto de vista siempre silenciado: el de alguien lleva consumiendo heroína casi cuarenta años y que no le ha robado la tele a su madre, no tiene el VIH, no ha atracado bancos ni ha estado en la cárcel. Por el contrario, ha tenido sus novietas, sus hijos, sus estudios universitarios y sus trabajos. Y nunca ha dejado la heroína ni tiene intención alguna de dejar de consumirla, ni se arrepiente, ni se avergüenza, ni ha hecho nada malo a nadie por consumirla. Al igual que un escritor decimonónico de novelas de aventuras, Eduardo Hidalgo Downing traslada al lector a parajes exóticos y mundos inexplorados. La diferencia es que las historias de Hidalgo Downing se desarrollan a la vuelta de la esquina y su papel es tanto el de curioso explorador como el de miembro de la tribu o el animal salvaje objeto de investigación. Con el espíritu de un reportero gonzo y la experiencia obtenida como profesional de la psicología, el autor relata sus inicios de adolescente trapicheando en el Liceo italiano de Madrid, su gozosa relación con la heroína, sus desencuentros con dicha sustancia en forma de sobredosis, las visitas al poblado para proveerse de jamaro, sus fluctuantes relaciones con las personas que comparten su afición, la incomprensión de aquellos que no la comparten, el estigma social que conlleva el uso de drogas y las dramáticas consecuencias que la desinformación y un sistema prohibicionista provocan en la salud de los consumidores, en la proliferación de las mafias del narcotráfico y en los programas de rehabilitación de drogodependientes. Memorias de la heroína es un apasionante libro de recuerdos narrado con honestidad y sin culpa, que aporta un enfoque absolutamente distinto en lo que se refiere al uso de esa droga y todo lo que la rodea. Una obra que no busca ni la aceptación ni la redención y que demuestra que, si bien ser politoxicómano vocacional tampoco es un camino de rosas, posiblemente Eduardo Hidalgo Downing no cambiaría su vida por la de ninguno de sus lectores.